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Por José Antonio Fernández F.
Consulte otras entrevistas publicadas anteriormente en la Revista Telemundo, realizadas por José Antonio Fernández, con otros actores y actrices:
Alejandro
Camacho,
Humberto Zurita,
Rebecca Jones,
Susana
Zabaleta,
Pedro Armendáriz,
Andrés Bustamante,
Ari Telch,
Fernando Luján,
Vanessa Bauche,
Humberto Vélez y
Rafael Inclán.
Joaquín Cosío es el
mejor actor de reparto del cine mexicano de los últimos años.
Su fuerza en pantalla es única. La llena. Hace sus personajes memorables,
aunque no sean los protagonistas. El mayor de todos es Mascarita, el de Matando
Cabos.
Cosío considera que ha tenido una vida muy afortunada. El 2008 le reservó un
premio que siempre resulta un acontecimiento único
para un actor: fue seleccionado para ser el malo en Quantum, la película
de James Bond que se distribuye a nivel mundial. Por cierto, no lo invitaron
al estreno en Londres, supongo yo que los productores prefirieron no llevarlo
para no quitarle reflectores a su estrella. Así es el mundo de las constelaciones.
Desde que apareció en Matando Cabos, en el 2004, Cosío es contratado
y vuelto a contratar en una y otra película. Aparece en al menos tres
por año, lo que significa que en 5 años ha interpretado más
de 15 personajes en el cine mexicano, más el General Medrano en James
Bond, con lo que establece todo un récord para un actor
de reparto en México.
Los directores le buscan un lugar. En Arráncame la vida, la cinta memorable
de gran valor realizada por Roberto Snider, aparece como el jefe de guardaespaldas
del General Ascencio, el protagonista. Cosío prácticamente
no dice un diálogo, pero da sentido con su presencia a momentos claves
de la historia.
José Antonio Fernández: Sé que te han pasado muchas cosas
en los últimos años, ¿crees que estás viviendo tu
momento como actor en este 2008, como cuando el agua está hirviendo?
Joaquín Cosío: Te puedo decir que
este año sí es
particular. Es un año en el que he realizado una serie de proyectos que
me tienen muy, muy contento. Entre ellos está la película de Bond
y la obra de teatro Los Emigrados. También el trabajar en la película
de Carlos Carrera y estar en la cinta El soldado Pérez.
Sí es un año singular. Bastante afortunado para mi carrera como
actor.
En realidad lo mejor de mi carrera profesional como actor viene desde que llego
a la Ciudad de México, hace 8 años. Llegué en el 2000 para
trabajar con Luis de Tavira en la obra Félipe Ángeles, presentada
por la Compañía Nacional de Teatro.
Fue importantísimo y vital para mí conocer y trabajar bajo la dirección
del maestro de Tavira.
José Antonio Fernández: ¿Qué te
dio Luis de Tavira?
Joaquín Cosío: ¡Ufff! El maestro de Tavira es un hombre de
teatro excepcional. Me dio un gran rigor y la conciencia de qué tipo de
actor soy.
Trabajar con él es un gran esfuerzo. Pudimos interactuar. Es uno de los
grandes maestros del teatro mexicano. Es un filósofo de la actuación.
Sin duda me abrió la posibilidad de entrar con el pie derecho al mundo
del teatro y de la actuación en México.
José Antonio Fernández: ¿Cómo se da esa conciencia
que te dio de Tavira para saber qué tipo de actor eres? Por
lo que sé, Luis de Tavira lo que hace es provocar al actor, más
de que decirle al actor lo que tiene que hacer, más que darle órdenes.
Joaquín Cosío: Lo que hizo fue ubicarme
para que yo supiera qué tan
mal actor era. Luego de muchos años de que fui actor de provincia, haciendo
teatro en condiciones muy distintas a las que tienen aquí en la Ciudad
de México, cuando trabajé con el maestro de Tavira me di cuenta
que ese gran actor que suponía que era yo, en realidad estaba apenas empezando.
Me hizo tomar conciencia de que el actor siempre está empezando, y que
en cada proyecto debe preguntarse de nueva cuenta qué es actuar y quién
es. Me dejó claro que el hacer teatro significa al menos una pequeña
crisis para volver a ubicarse, volver a exigirse a sí mismo y también
volver a encontrar esos resortes emocionales que el teatro obliga.
Yo sólo tengo palabras de gran admiración para el maestro de Tavira,
sobretodo por esas grandes lecciones en relación a qué es un actor.
José Antonio Fernández: ¿Y no eras un gran actor cuando
llegaste a la Ciudad de México?
Joaquín Cosío: Yo era un actor que
sí había
destacado en Ciudad Juárez.
Aunque estudié la carrera de Comunicación y fui maestro de la Universidad
por muchos años, en lo que se refiere a mi vida como actor en realidad
es que soy un actor sin escuela. Con un grupo de amigos leíamos teoría
teatral y hacíamos teatro. A los treinta y tantos años sí tenía
la conciencia de que el mundo de la actuación era conocido para mí.
Ya era mío, me pertenecía y me sentía en pleno dominio de
mis facultades escénicas.
El llegar a la Ciudad de México significó para mí, al menos,
dos cosas: tuve conciencia de mis capacidades y mis debilidades y también
de ser un actor profesional en el sentido más amplio de la palabra, porque
allá en
Juárez yo no vivía de ser actor.
José Antonio Fernández: ¿Que ves al decir: un actor profesional
en el más amplio sentido de la palabra?
Joaquí Cosío: Es
alguien que dedica su vida a ser actor, que se cuestiona constantemente lo que
está haciendo. Quiere decir el ser consciente de que estás cultivando
emociones. Es saber qué tipo de persona eres. Es también comprender
que actuar incluye una cuestión
moral, que implica cuestionarte si eres verdadero contigo mismo y si tienes una
conciencia de tí mismo
en cuanto a un sentido de lo verdadero.
El trabajo de un actor dentro de una gran ficción implica ser verdadero
y ser cierto, y cómo lo puede saber el actor si no tiene una conciencia
de lo verdadero y lo cierto, de que está diciendo la verdad.
José Antonio Fernández: ¿Esto significa que puedes hacer
cualquier personaje o debes limitar tu aceptación para interpretar algunos? ¿Hay
papeles a los que debes decirles no como actor?
Joaquín Cosío: Yo creo que sí debes decir en ocasiones
no. Hay que tener una conciencia de qué puedes hacer. La estructura
física de cada quien
corresponde o no a ciertos personajes.
Yo pensaba que podía interpretar cualquier papel. Por supuesto, puedo
hacer el intento y poner en escena al personaje que me propongan, pero hoy soy
consciente de que el físico te lleva por ciertos caminos en los que cada
quien con trabajo puede ampliarlos lo más posible para comunicar una gama
de sentimientos y emociones en escena que también sea lo más amplia
posible.
Sí es importante saber quién soy, hacia dónde pueden llevarme
mis cualidades y capacidad actorales y también mi estructura física.
José Antonio Fernández: ¿Es darle
un sentido a tu vida profesional?
Joaquín Cosío: Es saber ubicarme
y situarme en el plano del mercado profesional. Reconocer que los roles son los
roles, sobretodo en el cine donde las jerarquías son muy claras y están
muy bien marcadas.
Se trata de saber quién eres y cómo se maneja la naturaleza misma
del mercado profesional para que te abras camino y no te lleves demasiados
desencuentros.
José Antonio Fernández: ¿Cómo es que te conviertes
en actor en forma autodidacta?
Joaquín Cosío: Es algo totalmente vocacional.
Cuando entré a la preparatoria empecé a participar por accidente
en obras de teatro. Por decirlo de alguna forma, fui invitado por un amigo al
que siempre seguí porque era bastante audaz y curioso.
Desde que aparecí en la prepa en mi primera obra de teatro, no he dejado
de estar en escena. Me fascinó. Hubo una afortunada inconsciencia para
que me dedicara desde entonces muchas horas al teatro.
José Antonio Fernández: ¿Qué estudiaste?
Joaquín Cosío: Yo estudié Ciencias
de la Comunicación
en la Universidad de Ciudad Juárez y después me contraté como
profesor en la misma Universidad.
Como se hace en provincia, yo trabajaba mis 8 ó 10 horas reglamentarias
para ganarme la vida, que me la gané en la Universidad haciendo actividades
que también quería desarrollar, y dedicaba las noches a montar
obras de teatro. Para mí el teatro fue una pasión ciega por el
escenario, no una posibilidad de ganar dinero o de vivir de la escena.
Hice muchísimas obras de teatro en Juárez. Tuve el honor de formar
una mancuerna con el director Octavio Trías, que murió muy joven
de cáncer. Con él
fue con quien empezamos a salir de Juárez para participar en muestras
nacionales. Fue una gran época.
El grupo artístico al que pertenecía entró en contacto con
la Compañía Nacional de Teatro. Nos daban talleres. Y ahí se
me dio la oportunidad de viajar a la Ciudad de México para participar
en la obra Felipe Ángeles,
dirigida por Luis de Tavira.
José Antonio Fernández: Siempre he pensado que quien hace teatro
vive noches de tremenda adrenalina en escena, lo que no sucede con quien hace
cine o televisión porque no tiene al público enfrente.
¿Cómo es esa vida del actor de teatro? A vecescon teatros llenos
y en otras con butacas vacías.
¿Qué pasa con el ánimo del actor al enfrentar cada noche
la realidad del teatro? ¿Qué hace que el actor de teatro nunca
se dé por vencido y ahí esté siempre en escena o montando
una nueva obra?
Joaquín Cosío: Es justamente eso:
la emoción de hacer
teatro. Es duro y difícil, pero es muy intenso. Es muy gratificante. Entusiasma.
Lo singular que tenía hacer teatro en Juárez, es que lo hacíamos
por el absoluto placer de hacerlo. Había un sentido de juego y de aventura,
que cuando lo conviertes al plano profesional lo modificas un tanto.
En Juárez montábamos las obras que nos gustaban, nos repartíamos
los papeles. Fue un aprendizaje muy intenso también, porque aprendimos
a hacer teatro montando obras. En provincia no hay escuelas de actuación,
tampoco hay muchos actores y el público es escaso y variable a la vez.
De pronto el público
llena y muchas veces no va. En Ciudad Juárez hice una cantidad innumerable
de papeles, no diría que bien o mal, simplemente te digo que interpreté muchísimos
personajes que además muchos de ellos nada tienen que ver con mi físico.
Era duro hacer teatro en Juárez por todo lo que implicaba, pero no tengo
ni un sólo recuerdo desagradable. Siempre tuvimos el ánimo y el
entusiasmo para montar una y otra obra.
Y digo que era duro, porque ensayábamos dos meses para presentar cuatro
funciones. No había público para más presentaciones. Como
puedes imaginar, nos entusiasmaba hacer las funciones pero quizá más
el proceso de montaje.
Ahora las cosas han cambiado en Juárez y hay más público
y apoyos, pero hace diez años y antes era muy incipiente el movimiento
teatral.
A la distancia puedo pensar que era pesado y complicado, pero fue un gran placer
para mí.
José Antonio Fernández: ¿Viviste en algún momento
de hacer teatro en Ciudad Juárez?
Joaquín Cosío: No, no, es imposible.
Aún hoy que ya están
formados fideoicomisos de apoyo, es imposible.
José Antonio Fernández: Tengo la impresión de que tú sientes
que, al final de cuentas, siempre te ha sonreído la vida, que no es el
dinero el que te mueve sino el deseo de realizarte lo que te causa más
emoción, lo que mueve tus sentimientos y le da sentido a tu vida, a tu
interior. ¿Es así?
Joaquín Cosío: El dinero para mí nunca ha sido una preocupación
fundamental, y te aclaro que jamás he tenido problemas graves de dinero.
He corrido con la suerte de desarrollar una profesión que disfruto, la
de actor. Tengo una carrera muy afortunada.
Ya en la Ciudad de México siempre he tenido propuestas de trabajo, nunca
períodos largos de cero llamados. Soy afortunadísmo. Para mí actuar
es uno de los más grandes placeres que se pueden tener.
Me fascina estar en escena jugando, respirando, sudando en una representación.
José Antonio Fernández: ¿Qué sientes
al actuar que te da tanto gusto hacerlo?
Joaquín Cosío: Siento una especie
de vértigo, de gran gozo
interior. Es extraordinario.
Aunque sea algo trillado, te lo digo así: el poder encarnar emociones
y situaciones que no son las mías, es algo incomparable. El encontrar
la respiración de un personaje, sus actitudes. Me gusta esa posibilidad
poética de entrar a otras dimensiones en las que en un momento todo se
borra excepto lo que está en escena. Es una experiencia sensual, sensorial
y emocional única. Es intensísismo.
José Antonio Fernández: En el cine has jugado papeles de actor
de reparto y siempre estás en la mente del espectador porque terminas
formando parte importante en la historia. Llenas la pantalla de golpe y pareciera
que lo haces con toda facilidad.
Joaquín Cosío: No se qué decirte.
Los papeles que he podido obtener me los he ganado en casting.
Lo que entiendo es que funciono, aún siendo un rostro tan rudo y una cara
tan singular. Tengo una hermana que siempre me pregunta cuándo voy a salir
de galán en alguna película o en una telenovela, y siempre le respondo
que puede esperar sentada a que eso suceda. Sin embargo, creo que tiene toda
la razón el esperar verme en cualquier papel, hasta
en el de galán.
Cuando me dan un papel busco meterme al personaje. Lo siento, lo toco.
José Antonio Fernández: Hay actores guapos y feos, pero no por
ser guapos o feos proyectan. ¿Qué te da tanta fuerza en pantalla?
Joaquín Cosío: La diferencia creo
que es el miedo. Lo que nos hace ser mejores o peores es esa energía del miedo que colabora con la ficción.
Te cuento una anécdota: ahora que hice la película de James Bond,
me sentí identificado con Daniel Craig
cuando vi cómo sudaba, sumamente nervioso, antes de entrar a filmar una
escena que rodábamos en un yate. Lo vi en un rincón repasando sus
líneas de manera muy seria. Ahí me dije: todos los actores estamos
hechos de la misma madera. Vi a ese súper hombre que es James Bond, francamente
nervioso. Pero cuando Daniel (Craig) entró a escena, y eso nos sucede
a los actores, esos nervios y ese miedo los revirtió y lo convirtió en
una fuerza motriz que lo llevó a
realizar una interpretación llena de energía que sin duda impactará al
espectador. Se transforma el actor en escena.
Cuando un actor llega al teatro y no se siente nervioso ni tiene miedo, está mal.
Requiere asustarse al menos un poco. Hay que sentir la respiración y que
la sangre circula.
Todo esto que te digo quizá pueda explicar la fuerza en pantalla que en
ocasiones un actor consigue.
Cuando hago cine no tengo una conciencia clara de sí funciona mi personaje
o no, porque me mido yo solo. No hay público.
José Antonio Fernández: ¿Cuándo supiste que sí querías
ser actor?
Joaquín Cosío: Desde el primer momento,
me daba tanto gusto actuar como jugar básquetbol.
Cuando tuve que decidir ser actor, fue cuando viaje para quedarme en la Ciudad
de México. Yo tenía una carrera
en Ciudad Juárez. Como te comenté, era maestro universitario y
dirigía el área editorial de la Universidad Autónoma de
Ciudad Juárez. Tenía una vida, digamos, resuelta. Había
trabajado bastante hasta ese momento. Era un hombre dedicado a mi profesión
y también hacia teatro.
José Antonio Fernández: ¿Tenías una vida armada en
Ciudad Juárez?
Joaquín Cosío: Totalmente armada.
Cuando decidí viajar a México pedí un permiso en la Universidad.
Terminé la temporada con la obra Felipe Ángeles y regresé a
Juárez. Luego viene un segundo llamado para hacer otra obra con la Compañía
Nacional de Teatro y es cuando decido dejar todo y dedicarme de lleno a ser actor
y radicar en la Ciudad de México. Renuncié a mi puesto en la Universidad
y con ello a la certidumbre y a la seguridad que da pertenecer como maestro a
una institución del tamaño de una universidad.
Decidí por la incertidumbre, con más de treinta años encima
y sin ser un galán. Tomé la decisión porque tenía
y tengo la certeza de que es lo que quiero hacer: dedicar mi vida a ser actor.
José Antonio Fernández: Cuando tomaste la decisión de dedicarte
a ser actor profesional, ¿se lo dijiste a
alguien más, compartiste ese momento?
Joaquín Cosío: Sí, a mi novia, que reaccionó en forma
estupenda. Sabíamos que la relación podría naufragar por
la decisión, y efectivamente naufragó.
José Antonio Fernández: ¿Alguien te dijo: estás loco,
Joaquín?
Joaquín Cosío: Sí, claro, mi papá. Me dijo: ¿cómo
vas a dejar la Universidad para irte a nada?.
Después entendió, aunque ellos el teatro siempre lo vieron con
recelo y también con indiferencia. Cambió la percepción
cuando empecé a hacer
cine y cuando aparecí en la película Matando Cabos, que sigue teniendo
mucho éxito.
Al paso del tiempo han ido comprendiendo y ahora les gusta el sentido de mi carrera
como actor. Y con lo de James Bond están sumamente contentos. Hasta me
presumen.
José Antonio Fernández: ¿Qué sucede ahora con tu
familia cuando vas a Juárez a verlos? ¿Te entrevistan, como lo
estoy haciendo en este momento?
Joaquín Cosío: La familia no deja de ser la familia. Siempre
es un ambiente ambiguo, que va de la palmadita al verdadero gusto por verte.
Uno de mis sobrinos que tiene siete años, me dijo, en pausas: sí...
sí..., actuaste bien en lo de James Bond. Me dejó sentir sus dudas.
Mi familia tiene un pasado duro. Mi mamá murió joven. Salir adelante
ha costado. Es una historia familiar de esfuerzo. El destacar en mi carrera me
ha permitido ganar un sitio en la familia y estar al nivel de mis hermanos.
José Antonio Fernández: En tu vida observo
que hay un antes y después
cuando entras a hacer teatro en la preparatoria, luego viene otro antes y después
cuando viajas a México para hacer teatro con Luis de Tavira. ¿El
siguiente antes y después es cuando das vida a Mascarita en la película
Matando Cabos, dirigido por Alejandro Lozano?
Joaquín Cosío: Francamente no tuve
una conciencia de lo que podía
venir después de Matando Cabos.
Sin pecar de modesto, te puedo decir que no tenía yo la menor idea de
lo que iba a lograr.
Lea más de lo que dijo Joaquín Cosío
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a partir del próximo martes 6 de enero a las 2:00 pm …
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